¿Por qué en verano aumentan los conflictos con la comida y la imagen corporal?

El verano suele asociarse con vacaciones, descanso, planes al aire libre y disfrute. Sin embargo, para muchas personas también puede convertirse en una época especialmente difícil en relación con la comida y la imagen corporal.

La llegada del calor implica llevar menos ropa, utilizar bañador, compartir comidas y cenas con otras personas, acudir a playas o piscinas y estar más expuestos a nuestro propio cuerpo y al de los demás. A esto se suma un mensaje social que, año tras año, nos recuerda que debemos llegar al verano con un determinado cuerpo.

Y es precisamente en este contexto donde pueden intensificarse preocupaciones que durante otros momentos del año estaban más presentes de lo que parecía.

El verano no crea el problema, pero puede amplificarlo

Es importante hacer una distinción: el verano no es necesariamente la causa de los conflictos con la alimentación o la imagen corporal.

Lo que ocurre es que determinadas situaciones propias de esta época pueden actuar como desencadenantes o amplificadores de pensamientos, emociones y conductas que ya estaban presentes.

Por ejemplo:

“No debería ponerme este bañador.”

«He comido demasiado este fin de semana.”

“En vacaciones voy a engordar.”

“Tengo que compensar esta comida.”

“Todo el mundo está más en forma que yo.”

“Cuando vuelva tengo que ponerme a dieta.”

Cuando estos pensamientos aparecen de forma repetida, pueden generar ansiedad, culpa y una mayor vigilancia sobre el cuerpo y la comida.

Más exposición corporal

Durante el verano nuestro cuerpo puede sentirse más “visible”.

Ropa más ligera, bañadores, fotografías, actividades en la playa o la piscina… Situaciones cotidianas que pueden aumentar la atención que prestamos a nuestro aspecto físico.

Si existe una relación complicada con la propia imagen corporal, esta mayor exposición puede favorecer la comparación, la autocrítica o la sensación de no encajar.

Y aquí hay algo importante: sentirse incómodo con el propio cuerpo no significa que haya algo malo en ese cuerpo. Muchas veces refleja el impacto que tienen determinadas expectativas sociales sobre cómo creemos que deberíamos vernos.

La presión por “llegar al verano” con un determinado cuerpo

La cultura de la dieta suele intensificarse cuando se acerca el verano.

Dietas rápidas, retos, productos “detox”, entrenamientos orientados a modificar el cuerpo y mensajes sobre cómo conseguir el llamado “cuerpo de verano” aparecen constantemente.

El problema es que estos mensajes transmiten una idea especialmente dañina: que nuestro cuerpo debería ser diferente para poder disfrutar del verano.

Pero el disfrute no debería depender de haber alcanzado un determinado peso, talla o aspecto físico.

No necesitas preparar tu cuerpo para tener derecho a disfrutar del verano.

Cambios en las rutinas alimentarias

Las vacaciones suelen modificar nuestros horarios y nuestras rutinas.

Podemos comer más tarde, salir a cenar, improvisar comidas, picar entre horas o disfrutar de alimentos que no forman parte de nuestra rutina habitual.

Estos cambios son normales.

Sin embargo, para alguien que mantiene una relación rígida con la comida, pueden generar mucha ansiedad. La sensación de “haber perdido el control” puede llevar posteriormente a restringir, compensar o intentar controlar todavía más la alimentación.

Así puede aparecer un círculo difícil de romper:

restricción → hambre y deseo de comer → sensación de pérdida de control → culpa → compensación → nueva restricción.

Romper este ciclo consiste  construir una relación más flexible con la alimentación.

Las comparaciones aumentan

El verano también puede favorecer la comparación corporal.

Vemos cuerpos en redes sociales, publicidad, televisión, playas, gimnasios y piscinas. Y aunque sabemos racionalmente que las imágenes que consumimos no representan toda la realidad, nuestro cerebro puede seguir utilizándolas como referencia.

Además, tendemos a comparar nuestro cuerpo real —con sus posturas, movimientos, textura y características normales— con imágenes seleccionadas, editadas o cuidadosamente construidas.

La comparación, especialmente cuando se convierte en un hábito, puede alimentar pensamientos como “no soy suficiente”, “debería cambiar” o “mi cuerpo está mal”.

Las comidas sociales pueden generar ansiedad

El verano suele venir acompañado de más encuentros sociales: barbacoas, terrazas, comidas familiares, viajes, fiestas o cenas con amigos.

Para muchas personas esto es una fuente de disfrute. Para otras, puede convertirse en una situación de preocupación constante alrededor de qué comer, cuánto comer o qué pensarán los demás.

Cuando la comida está asociada a culpa o miedo, una experiencia que debería ser social y placentera puede transformarse en una situación de vigilancia.

Y esto puede hacer que la persona esté físicamente presente en la comida, pero mentalmente pendiente de todo lo que está comiendo.

 

Si algo de esto te resuena, no esperes, pide ayuda profesional y vaciemos esa mochila emocional que pesa tanto y se ve reflejada en cómo tratas a tu cuerpo.


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