La vuelta a la rutina: cómo recuperar hábitos saludables sin caer en el “todo o nada”.

Septiembre suele venir acompañado de una sensación de “volver a empezar”.

Volvemos al trabajo, a los horarios, a los colegios, a las responsabilidades… y también puede aparecer la idea de que toca “ponerse las pilas”, recuperar los hábitos que hemos dejado un poco de lado durante el verano y volver a una rutina “más saludable”.

Y aquí es donde me gustaría hacer una pausa.

Porque recuperar rutinas puede ser positivo, sí. Pero no necesitamos convertir septiembre en un reinicio, ni nuestros hábitos en una lista de deberes que tenemos que cumplir perfectamente.

Especialmente cuando existe una relación complicada con la comida, el cuerpo o el ejercicio, esta época del año puede despertar pensamientos muy conocidos:
“Ahora tengo que hacerlo bien”.
“En vacaciones me he descontrolado”.
“Tengo que compensar”.
“A partir de septiembre vuelvo a comer perfecto”.
“Si un día no lo hago bien, ya da igual todo”.

Ese último pensamiento, el famoso “todo o nada”, puede convertirse en una trampa.

¿Qué significa caer en el “todo o nada”?

El pensamiento dicotómico nos lleva a interpretar las cosas en extremos: lo hago bien o lo hago mal; como saludable o como fatal; hago ejercicio o soy sedentario; tengo control o lo he perdido.

Pero la vida real no funciona así.

Podemos desayunar, comer y cenar de forma regular y, al mismo tiempo, tomar un helado con amigos. Podemos retomar nuestros horarios de sueño sin necesidad de levantarnos todos los días a la misma hora. Podemos mover nuestro cuerpo porque nos apetece y descansar cuando necesitamos hacerlo.

La salud se construye desde la flexibilidad y la continuidad.

Y esta diferencia es especialmente importante cuando hablamos de Trastornos de la Conducta Alimentaria.

Volver a la rutina no significa “compensar” el verano

Si durante las vacaciones hemos comido de una manera diferente, hemos tenido más comidas fuera de casa, hemos cambiado nuestros horarios o hemos hecho menos ejercicio, es posible que aparezca la sensación de que ahora tenemos que “arreglarlo”.

Pero comer más un día no necesita ser compensado al día siguiente.

Tampoco necesitamos restringir, saltarnos comidas, aumentar el ejercicio o imponernos reglas más rígidas para sentir que volvemos a tener el control.

De hecho, en personas vulnerables a desarrollar o mantener un TCA, estas conductas pueden alimentar precisamente el ciclo de restricción, pérdida de control, culpa y compensación.

Por eso, una vuelta saludable a la rutina puede ser mucho más sencilla de lo que nuestra mente nos hace creer.

En lugar de empezar de cero, podemos volver poco a poco

Quizá no necesitas cambiarlo todo.

Puedes preguntarte:

¿Qué pequeñas cosas de mi rutina me ayudan a sentirme bien y quiero recuperar?

Puede ser volver a desayunar con calma antes de empezar el día.
Organizar tus horarios para poder hacer las comidas con cierta regularidad.
Recuperar una rutina de sueño.
Volver a quedar con personas importantes para ti.
Tener momentos de descanso.
Retomar una actividad física que disfrutas, sin utilizarla como compensación por haber comido.

No hace falta hacerlo todo a la vez.

¿Y si un día “no lo hago bien”?

Aquí podemos practicar algo muy importante: no convertir un momento en una historia completa.

Una comida no determina cómo comes.
Un día de descanso no define tu actividad física.
Un fin de semana diferente no borra tus hábitos.
Un episodio de atracón no significa que hayas “fracasado”.
Y comer un alimento que tu mente etiqueta como “prohibido” no requiere una compensación.

Septiembre no tiene que ser un examen

Quizá solo necesitas volver a escucharte.

Preguntarte qué rutinas te ayudan a estar mejor, cuáles te generan más presión y qué cambios puedes hacer desde el cuidado, no desde el miedo.

Y si notas que la vuelta a la rutina está despertando mucha preocupación por la comida, el peso, el cuerpo o el ejercicio, no tienes por qué gestionarlo a solas.

Pedir ayuda también es una forma de cuidarte.

La recuperación de un TCA no consiste en aprender a hacerlo todo perfectamente. Consiste, entre otras cosas, en poder construir una relación con la comida y con tu cuerpo que tenga cada vez más espacio para la flexibilidad, la tranquilidad y la vida.

Así que, si septiembre te trae la sensación de que tienes que empezar de cero, recuerda:

No tienes que hacerlo perfecto. No tienes que compensar. No tienes que empezar de cero. Puedes simplemente continuar.

Y quizá esa sea una de las formas más saludables de volver a la rutina.


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